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30 días sin quejarme

¿Por qué me quejo tanto? ¿Qué soluciono con ello?. Cada vez que soy consciente, en el momento que me quejo, me siento avergonzado, aunque ciertamente lo hago una y otra vez. Es como si disfrutase o sacase algún rédito con ello.

 

¿De dónde y por qué surge en el ser humano esta necesidad de quejarnos?

Puedo imaginarme que en el inicio de la humanidad un gemido (el equivalente prehistórico a la queja) permitía saber a tu manada que estabas enfermo y necesitabas cuidado y protección. En la sociedad actual con la avanzada capacidad de comunicación humana no encuentro mucho sentido a la queja. Si nos encontramos mal o necesitamos atención simplemente podemos expresarlo y buscar ayuda. ¿Entonces por qué nos quejamos hoy en día?. Parece que encontramos cierto placer en la queja. Quejarnos de las miserias y ensalzar lo negativo ante otra persona en cierta manera nos libera y conseguimos captar su atención. Si te quejas con un amigo sobre algo ajeno nos entretiene. Necesitamos nuestra dosis diaria de quejas colectivas y no hay mejor fuente que las noticias, la televisión o la política para encontrar temas candentes con los que quejarse a los cuatro vientos.

La queja podría ser beneficiosa en todo caso si actuase como el detonante que precede a una acción. Si nos ocurre algo que no nos gusta o tenemos un problema, nos quejamos; este acto instantáneamente nos altera, y en teoría, lo ideal seria utilizar este incremento de adrenalina para tomar una acción en pos de solucionar el problema inicial. Y digo en teoría porque hoy en día quejarnos es la propia acción, el principio y el fin mismo es la queja.

 

30 días sin quejarme

Estas reflexiones me han dado la idea para mi próximo experimento, voy tratar de no quejarme bajo ninguna circunstancia durante 30 días. Con ello, quiero eliminar este mecanismo automático que utilizo no se muy bien por qué. No se si es por encuentro cierto placer en ensalzar las teóricas «injusticias» que se cruzan en mi vida , si me siento más liberado, si es por que tengo estrés acumulado o si simplemente es un acto reflejo o una costumbre adquirida e influenciada por mi entorno y la vida en sociedad.

Lo que voy a buscar es darle la vuelta a la queja. En vez de malgastar mi tiempo y energía en la queja voy a invertir el tiempo en analizar el por qué me quejo, transformando la inacción (queja) en acción (solución), confinar el sentimiento negativo para aflorar lo positivo, buscar la oportunidad en vez de enfocarme en la desgracia.

 

10€ cada vez que me queje

¿Y qué mejor manera de darle la vuelta que cada queja se convierta en una oportunidad para realizar una acción positiva?. Por cada queja que haga irán 10€ a una hucha. Cuando acabe el experimento donaré el dinero de mis quejas nimias y absurdas a gente que realmente tiene razón para quejarse. El dinero irá a parar a Idea Libre, ONG en la que colabora nuestra compañera Cristina, directora de marketing de 20lab.

 

¿Te apuntas? – Doblo tu apuesta

Además si te apuntas a este reto conmigo, durante el mes de Octubre doblaré todo el dinero que traigas a la ONG. Simplemente decide cuánto estas dispuesto a pagar por cada queja tuya, al final del experimento yo donaré la misma cantidad que tu dones, hasta un total de 500€ que aportaré en total para la ONG Idea Libre.

 

Iré actualizando en este post y posteriores toda la gente que se une al reto conmigo.

  1. Noemí Sanchez – 5€ por queja.
  2. Cristina Moreno – 1€ por queja.
  3. Hector Sanjuan – 5€ por queja.
  4. Mourad Zaghbib – 5€ por queja.
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Conclusiones tras 30 días sin Smartphone

Esta entrada es el cierre y conclusión del experimento «30 días sin Smartphone», si no has leído las dos entradas anteriores (entrada 1, entrada 2) te aconsejo que las leas antes de continuar.

He completado 30 días sin el usar un dispositivo Smartphone inteligente. En concreto he estado utilizando un Nokia 3310 de 2017 para este experimento, aunque a día de hoy vuelvo a usar un Smartphone (iPhone 6S Plus) como teléfono principal, el apartarme durante un mes de un smartphone me ha ayudado a redefinir mi relación con el mismo llegando a iportantes conclusiones personales que quiero compartir a continuación

 

1-. He dado de baja mi número móvil actual

Llevaba varios meses pensado en realizar esta «locura» como una vía para reducir el número de llamadas y SMS. Nada más terminar el experimento he decidido hacer borrón y cuenta nueva, he redireccionado todas las llamadas de mi móvil al buzón de voz y he guardado el Nokia 3310 con este número en un cajón. Ahora cuando llaman a mi móvil indico que si me necesitan localizar por motivos profesionales pueden hacerlo llamando a la centralita de la oficina. Al tener una centralita virtual utilizo mi móvil como softphone de manera que pueden pasarme la llamada como si de una extensión más se tratase, todo sin desvelar mi nuevo número. Además al ser un fijo no hay posibilidad de mandarme SMS, así cualquier comunicación escrita que reciba será vía o email, una única bandeja de entrada con la cual me encuentro cómodo y puedo gestionar de manera eficiente.

Respecto al uso personal por ahora únicamente le he dado mi teléfono a mi familia y a dos personas más. Aún no tengo claro a quién y cómo voy a compartir mi teléfono pero desde luego estoy contento de hacer un «reset» y empezar de nuevo. Hay veces que la mejor manera de  mejorar algo es directamente es prenderle fuego reducirlo a cecinas y empezar desde cero, sin excusas, sin posibilidad de escape, con un enfoque nuevo sin limitaciones y con la ilusión de empezar algo nuevo.. Este será otro experimento más que añadir a mi lista, por ahora tengo bastantes llamadas perdidas diarias, me imagino que si es algo importante conseguirán localizarme al teléfono de la oficina, y sinceramente, no creo que ocurra nada irreparable.

 

2.- Reducción en el uso de las redes sociales

Actualmente he decidido dejar instalado en el móvil Instagram y en el tablet YouTube, nada más. Estas son las dos redes sociales que por ahora voy a conservar y lo hago aposta en dispositivos distintos. Me he quitado por el momento Twitter y  Facebook. Analizando bien su uso no me aportan nada, son fuentes en las que es muy difícil limitar el tipo de información que lees, por ejemplo, no estoy interesado en saber absolutamente nada de política o noticias de actualidad. Básicamente no me aporta nada este tipo de información, normalmente son contenidos que desaniman o cabrean, no está en mi zona de influencia y no me aportan nada, por lo tanto prefiero practicar la ignorancia selectiva y dedicar mi tiempo a otras cosas que me produzcan felicidad o me aportan algo positivo.

Es así como llego a seleccionar Instagram como mi única red social en la que tengo la app instalada en el móvil. Me gusta Instagram, es una red social visual, muy rápida de seguir y muy fácil de limitar el tipo de contenido al que quieres acceder. Últimamente estoy interesándome mucho por la fotografía y el mundo audiovisual e Instagram es un sitio perfecto para encontrar inspiración.

Y llegamos a YouTube. No tengo televisión (ni planeo tenerla), reconozco que estoy un poco «enganchado» a YouTube y es por eso que no tengo la app puesta en el móvil. Limitando su uso solo al tablet (El cual solo uso en casa) me aseguro de limitar el tiempo que paso viendo videos. Actualmente lo uso mayoritariamente desayunando o cenando básicamente e intento hacer un gran esfuerzo para no llevarme el tablet a la cama y leer un libro como sustituto :-D.

 

3.- Rellenar los momentos vacíos en los que uso el móvil y cambiarlas por otras rutinas

En general he rellenado los tiempos en que antes utilizaba el móvil para charlar, pensar o simplemente contemplar y no hacer nada. Sin embargo, ha habido momentos, sobre todo cuando estoy solo, que el uso de un smartphone hubiese sido una buena idea. Por ejemplo mientras hago cola, si alguna cita se retrasa o te encuentras en un lugar durante bastante tiempo sin nada que hacer y únicamente con el teléfono en el bolsillo. Para cambiar las rutinas con el móvil por otras más productivas o saludables lo que he hecho es eliminar del teléfono aquellas que no quería seguir utilizando y he puesto en la pantalla principal del móvil aquellas que quiero empezar a utilizar más para tenerlas más a mano.

Algunos ejemplos de aplicaciones o rutinas que quiero usar más en el smartphone:

  • Kindle. Actualmente leo mucho en el móvil, pero siempre son noticias o artículos cortos (me encanta Medium), sin embargo, quiero leer más libros de manera que las lecturas sean más profundas, indagar mucho más en los temas que me interesen que un simple articulo de unos pocos cientos de palabras.
  • Evernote y Google Docs. Estas dos apps van enfocadas a escribir más. Utilizo Evernote más para notas o apuntes rápidos y no estructurados, mientras que en Google Docs voy escribiendo en un documento de manera más estructurada todo aquello que leo o pienso y quiero desarrollar más para mi mismo.
  • Overcast. Esta es una aplicación para podcasts. Me encanta escuchar podcasts cuando voy en el coche o cuando estoy haciendo alguna actividad física, además quiero empezar en breve mi propio podcast y me sirve para ir afinando el estilo que voy a darle.

 

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Día 10. Ya lo echo de menos – 30 días sin Smartphone

Llevo una semana sin smartphone, y puedo decir que sigo vivo. Si bien es cierto que en muchas ocasiones he llevado el smartphone como salvavidas en caso que se me presentara una situación en la que lo necesitara si o si. ¿Y sabéis qué? con un teléfono estándar podría haber solucionado cualquier incidente, eso sí, a base de perder mucho más tiempo o simplemente conformándome sin solucionarlo o con un resultado menos óptimo.

Os pongo algunos ejemplos de situaciones en las que eché de menos el smartphone y qué hice:

No recordaba el PIN de la tarjeta de empresa. Estoy acostumbrado a tener toda la info organizada y ordenada, esto hace no tirar de mi memoria y entonces me pasan estás cosas; intento acudir a mi memoria y ya no somos tan buenos amigos ?. Fui a pagar una reparación del coche de la empresa y no me acordaba del PIN de la tarjeta. Tengo una aplicación de seguridad para este tipo de contraseñas en el smartphone. ¿Qué hice? Pagué con mi tarjeta personal.
Utilice el smartphone: NO – Tiempo perdido – 20 minutos

Pagar el parking en Madrid. Para pagar el parking en zonas verdes y azules utilizo la aplicación móvil de “e-park”. De esta forma no me tengo que preocupar de llevar dinero suelto, ni de buscar el parquímetro. Si tengo que ampliarlo lo hago sin tener que bajar de nuevo al coche. En este caso no utilizar el smartphone sería de tontos, así que siempre lo llevo en el coche para estos casos.
Utilicé el smartphone: SI – Tiempo ahorrado – 3-4 minutos por aparcamiento

GPS. Esto sabía que era algo que necesitaría desde el minuto uno. Pensé en comprarme un GPS independiente pero carece de sentido, al final da igual el dispositivo desde el que utilice la función, comprar y utilizar un GPS por tal de evitar el uso del smartphone me parece llevar el experimento a lo absurdo. Sin embargo, este es un claro ejemplo de como las restricciones te pueden abrir nuevas oportunidades de mejora personal. En mi caso me he planteado únicamente usarlo como backup y esforzarme a mirar el trayecto antes de salir, aprenderme las carreteras, calles y orientarme por Madrid sin depender del GPS. Esto es algo que siempre he querido hacer pero por pereza o por la facilidad de usar un GPS nunca he hecho.
Utilizo el smartphone: sólo como backup – Tiempo ahorrado – Incalculable (dado mi pésima capacidad de orientación).

Ventajas y desventajas tras una semana sin smartphone

Desventajas de no usar smartphone

Inseguridad. Al salir de casa, sobre todo los primeros días, he sentido una sensación de inseguridad por no llevar las funcionalidades de smartphone encima. ¿Y si me pierdo y no tengo el GPS con Google Maps?, ¿Y si necesito consultar una nota rápida en Evernote?, ¿un email en Gmail?.

Pérdida de practicidad y productividad. No hace falta deciros que cualquier cosa que intento hacer con este móvil es al menos el doble de lento que un smartphone. Buscar un contacto al que llamar es tedioso, escribir en un teclado numérico es tedioso (no se como lo hacíamos en el pasado), cualquier cosa que se me ocurre hacer con el teléfono me crea un enorme desasosiego.

Aburrimiento. En esos tiempos muertos de espera, de transportes y demás, si son más o menos largos echo de menos la sobre-estimulación y entretenimiento del smartphone.

Presión social. En la sociedad actual en la que vivimos la gente da por sentado que una persona tiene que estar conectada y disponible constantemente. Cuando no estoy disponible para contestar un SMS o una llamada de teléfono la gente se enfada, piensa que no quiero hablar con ellos y lo toman como una falta de educación. Ya he escuchado a algún que otro; cómo voy a vender mi agencia digital si no estoy conectado a las tecnologías, a las redes sociales y  yendo con un móvil de la época de nuestros padres. Yo mismo me siento un poco auto-marginado no estando en los canales de comunicación de moda. Teniendo en cuenta que los smartphone surgieron hace unos cuantos años es increíble como la sociedad crea convencionalismos tan fuertes en tan poco tiempo.

Ventajas de no usar smartphone

Mayor conexión y empatía con las personas a mi alrededor. Cuando estoy rodeado de personas y se producen esos momentos en que los distintos participantes acuden al móvil estoy realizando una especie de juego de observación – ¡Con algo tenía que distraerme!. Casi siento como si el tiempo se parase, la gente pierde por completo el sentido de su entorno, casi como si estuviésemos en universos paralelos, ¡Es increíble como la gente se sumerge por completo en esa pequeña pantallita!. Seguro que yo hacía lo mismo y no he sido consciente hasta que he salido de esa especie de secta del smartphone. Ahora me doy cuenta de todas estas “desconexiones” en medio de una conversación, muchas veces son desconexiones de más de 3 minutos, la gente no se da cuenta pero yo me quedo esperando, sin nada que hacer hasta que vuelvo a recuperar su atención. Antes me habría ido de manera automática a mi móvil y hubiésemos vuelto ambos a la conversación, pero ahora durante la espera me siento un poco hasta ofendido ¿Tan aburrida era nuestra conversación?.

En muchos de estos momentos me encuentro pensando sobre la gente que tengo frente a mí. Cuando desconectan de mi presencia para centrarse en el móvil me siento libre de analizar a la persona sin que se sienta observada ni incomoda, mi mente tiene vía libre para analizar y observar sin interrupción alguna. Es entonces cuando intento deducir qué piensa, veo en su cara si está cansado, si las conversaciones que hemos compartido han sido de su agrado, si he hablado mucho y escuchado poco… Veo quien hay sentado en las mesas alrededor, me fijo en el lugar… en general siento que conecto más con el momento actual y con las personas. Y es muy curioso decir esto, por que es en el momento en que no estamos conversando cuando más me siento en mayor conexión con dicha persona.

Libertad. La sensación de poder vivir con un móvil super-barato y simple es un tanto liberalizadora. Lo único que tengo almacenado en el móvil son los contactos de teléfono, los cuales he importado desde Google Contacts donde están a buen recaudo. Por lo tanto, mañana mismo podría perder el móvil y no pasaría absolutamente nada. Volver a tener el mismo móvil con la mismo información me costaría menos de 50€ y una simple sincronización de contactos.

Redes Sociales. El uso de las redes sociales ha sido precisamente uno de los mayores detonantes de este experimento. Cuando encontramos un segundo vacío en nuestras vidas enseguida agachamos la cabeza y nos ponemos a mirar en el móvil. Un acto reflejo sin un objetivo claro la mayor de las veces, simplemente encendemos el móvil y nos ponemos a consumir cualquier cosa que nos den. En mi caso consistía en una combinación de redes sociales y artículos (Instragram, Youtube, Medium…). Desde que no tengo el smartphone puedo decir que he reducido al 90% el consumo de redes sociales.

Espacio mental y tranquilidad. El smartphone llenaba todos mis huecos vacíos, momento encontraba un espacio de tiempo sin hacer nada automáticamente iba a chequear el móvil. Al final siempre tenía un estimulo, algo que leer, algo en lo que pensar o preocuparme. Ahora tengo mis momentos de no hacer nada, simplemente de mirar, estar en el momento presente de manera tranquila. Y si quiero llenar ese vacío lo aprovecho para sumergirme en mis pensamientos premeditados. Esto es todo lo opuesto a lo que me ocurre con el smartphone; si abro una red social, una pagina web o mi bandeja de email, entonces mi tiempo y mis pensamientos son reactivos en base a estimulo e información que terceras personas y aplicaciones deciden por mí.

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Vivir 30 días sin smartphone. #Experimento

¿Qué tiene de malo usar un smartphone?

Me encantan los smartphone y me parecen una herramienta muy poderosa para comunicarse, para consumir contenidos o incluso par ser mas productivo. No tengo nada en contra de estos dispositivos y volveré a usarlo pasado el experimento. Lo que me induce a realizar este experimento es ser más consciente y redefinir el uso que le doy al móvil, y más concretamente a las funciones de los smartphone.

Los móviles, a pesar de todo lo bueno que tienen, también son un arma de doble filo. Notificaciones, email, chat, redes sociales, Whatsapp, Youtube, SMS, llamadas de teléfono, juegos… Hay toda una industria que gira en torno a los smartphones y a la conectividad instantánea que ofrecen. Los fabricantes de móviles y los desarrolladores de software luchan por nuestra atención continua, quieren que gastemos dinero o que pinchemos en sus banners. El que más tiempo tenga «enganchado» al usuario gana.

Según el último estudio de Google miramos, al menos, unas 150 veces el teléfono al día y pasamos un media de 177 minutos al día con nuestros smartphones.

Desde hace ya varios meses el smartphone se ha convertido una fuente de estrés para mi, noto que lo uso de manera compulsiva y es, sin duda, mi mayor fuente de procastinación. Básicamente se ha convertido es una herramienta que se interpone en mis objetivos con gran facilidad, afecta de manera negativa en mi productividad y me genera un estrés innecesario.

 

¿Es necesario dejar de usar un smartphone para obtener las ventajas de este experimento?

Desde luego que no. Además, momento acabe este experimento volveré a usarlo en mi día a día. ¿Por qué he decidido entonces tirar por la vía radical y no usarlo durante 30 días? Estas son mis razones:

  • Ser consciente de las rutinas automáticas que realizo de manera inconsciente con el móvil. Si no tengo el móvil no se me escapará ninguna.
  • Imponerme restricciones y límites hará que desarrolle nuevas capacidades y que explore nuevas alternativas que ni se me han pasado por la cabeza aún. La vida son cambios, nada permanece estático, acostumbrase y ser feliz con el cambio continuo es clave.
  • Practicar la resiliencia. Los estóicos elegían vivir de forma moderada y simple de forma voluntaria determinados días del año. Con ello buscaban ser más conscientes de lo afortunados que eran, disfrutar de los beneficios de su status actual pero también practicar y comprobar que podrían vivir igualmente bien con lo básico. Por mi parte quiero comprobar que puedo vivir con un móvil básico de 50€, que si no tengo 800€ o el móvil de ultima generación puedo conformarme y ser igual de feliz.
  • Compartir con vosotros la experiencia a través de este blog.
  • Y por último pero no menos importante: tendré temas de conversación y cachondeo asegurado.

 

Mis objetivos con este experimento

Con este experimento quiero redefinir el uso y la relación actual que tengo con el móvil. Actualmente tenemos una relación llena de altibajos, una relación un tanto tóxica (casi parece que hable de una pareja sentimental ?).

Y aunque seguiré usando un móvil básico en realidad me hubiera gustado estar sin teléfono, pero para eso si que no estoy preparado. La cuestión es que quiero repensar no solo las funciones de smartphone si no las más básicas, como las llamadas, SMS o el uso que le doy a nivel personal y profesional.

A lo largo de este experimento iré indagando con mayor profundidad en cada uno de los puntos, por ahora os comparto un listado de las cosas que me gustaría cambiar o explorar.

  • Reducir drásticamente el uso del smartphone, sobre todo los impulsos inconscientes y su uso como herramienta para procastinar.
  • Cambiar la manera en que consumo redes sociales, videos y noticias. Realizar su consumo de manera más espaciada, planificada y deliberada.
  • Reducir el número de llamadas y SMS, tanto entrantes como salientes (Ya hace tiempo que no tengo Whatsapp).
  • Investigar las razones por las que el teléfono se ha convertido una fuente de estrés y como puedo revertir la situación.
  • Rellenar los momentos vacíos en los que uso el móvil y cambiarlas por otras rutinas que me aporten más como charlar, pensar o contemplar.
  • Separar su uso personal y profesional (quizás con dos números de teléfono distinto).
  • Analizar si es bueno limitar tanto las comunicaciones con amigos y familia (Soy muy introvertido y necesito largos tiempos de soledad). Últimamente pienso si debería invertir más tiempo en forjar estas realizaciones y si utilizar aplicaciones como Whatsapp como una de las vías es acertado o no.

Cosas que no quiero eliminar

Aunque hay muchas cosas que no tengo claras sobre qué y como haré para alcanzar mis objetivos, también tengo claro que hay cosas que echaré de menos y que no quiero eliminar.

  • Su uso en el coche.
    • El uso del smartphone en el coche hace que sea más productivo, me entretiene o ayuda y por lo tanto seguiré usandolo. Aplicaciones como Spotify, Podcasts, Audiolibros, Google Maps o aplicaciones para pagar el parking son esenciales para mi.
  • Dispositivo para leer y escribir.
    • Hasta el día de hoy todos los posts del blog los he escrito en el móvil (excepto este que).
  • Tomar notas. Aunque podría llevar un cuaderno y boli soy mucho más rápido y son mas reutlizables las notas del móvil. Evernote seguirá siendo una de mis apps imprescindibles en mi smartphone.
  • Domótica. Apagar/encender luces, usarlo con mi altavoz Sonos, utilizarlo mientras corro en la cinta… todas estas cosas las quiero seguir usando.
  • Escuchar música. La música es una de los imprescindibles para mi, ya sea como musica de ambiente para relajarme, para animarme o para concentrarme. Spotify seguirá siendo mi aplicación elegida.
  • Router wifi. Voy a todas partes con mi portatil, en reuniones o fuera de casa es imprescindible contar con conectividad a Internet. Aunque tengo un router Wifi, a la vuelta del experimento seguiré usando el móvil para no cargar tanto trasto.

Qué móvil voy a usar

Por lo pronto voy a utilizar un Nokia 3310. No descarto aprovechar para probar alguna otra alternativa, pero por lo pronto he decidido usar un Nokia 3310 de los nuevos (año 2017). Por no tener no tiene ni 3G. Con este teléfono me aseguro que lo utilizo únicamente para llamadas, SMS.

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Día 30. Final del experimento – Micro-meditaciones cada hora

Han pasado 30 días desde que inicié el experimento de las micro-meditaciones cada hora. Antes de continuar leyendo esta entrada te aconsejo que antes leas la entrada original con la rutina de micro-meditaciones que estoy siguiendo.

En la última actualización del experimento os comenté que iba a introducir una última modificación. Después de estar una semana en una feria de martes a domingo de 11:00 a 21:00 de la noche me encontraba estresado por el trabajo acumulado esperándome en la oficina y con gran cansancio físico. Había perdido mis rutinas que últimamente me estaban funcionando tan bien (ejercicio y comer mejor). Fue entonces cuando decidí incorporar al final de la rutina un nuevo bloque.

En este nuevo bloque trataba de recordarme ser más positivo, tanto a lo hora de comunicarme con las personas de mi alrededor como en mis propios pensamientos. Soy muy exigente siempre con todo y eso me hace centrarme siempre en los defectos, en qué se puede mejorar y qué es lo que va mal. Esto hace que sea bastante negativo en todos los aspectos, lo cual no quiere decir que me desmotive, pues me empuja a mejorar cada día. Lo que no me gusta es esa imagen externa que puedo transmitir a veces de quejica o eterno pesimista. También creo que tengo que ser más benevolente conmigo mismo, estoy seguro que puedo tener el mismo empuje y ganas de mejorar pero sin tener el estado emocional negativista. Después de todo hay que buscar la felicidad y estar todo el día pensando en las cosas que faltan en vez de las que se han conseguido no es el camino correcto.

La última semana, con la adición de este nuevo bloque, no fue muy bien. Tras finalizar la semana y no conseguir mejorar mi estado de ánimo hacia un estado más positivo entendí perfectamente cual era el problema. El estado anímico viene muy influenciado por el estado físico, el ejercicio, las rutinas y la alimentación. Al perder todas estas rutinas por la feria, la ultima semana del experimento fue una semana de transición de vuelta a mis hábitos y rutinas.

Lo más alucinante de todo esto es como fui consciente de todo este proceso, gracias al experimento y el «checking» horario en todo momento era consciente de mis cambios internos y la fuente de los mismos. Esto es uno de los mayores aprendizajes que he conseguido con las micro-meditaciones, conocerme mejor a mi mismo, la conexión física/mental y la influencia que ejerce mi entorno.

En uno de los momentos en que más negativo me encontraba, me acorde de la frase de un compañero de trabajo. «No hay que obligar a la gente a ser positivo y estar feliz el 100% del tiempo» – sí, lo reconozco, intento manipular a todos a mi alrededor para que tengan una sonaría de psicopata perpetua.

El mismo ejercicio de meditar predica que no debes intentar cambiar tus sentimientos ni emociones, simplemente ser consciente de ellos y dejarlos pasar sin juzgarlos. Entonces decidí hacer precisamente eso, no obsesionarme con mi estado de ánimo, dejarlo estar y esperar a la siguiente semana. Ya os adelanto que esta semana, con la vuelta a las rutinas, ya estoy mucho mejor, sigo siendo el mismo negativo pesimista pero con un estado de ánimo mejor .

Para dar por cerrado el experimento quiero compartir las ventajas y cosas positivas que he encontrado al realizar estas micro-meditaciones.

1.- El denominado «mindfulness» no es tan tontería como pensaba. Si le quitas todo ese halo de moda hipster es una herramienta brutalmente poderosa. Focalizarte en el presente produce una sensación de paz y tranquilidad difícil de explicar.

2.- A lo largo del día acumulamos ciertas tensiones físicas que pasan desapercibidas pero que generan un malestar que influye en el plano mental. Ser consciente de los mismos y liberar esas tensiones está chupado. Solo hay que pararse unos segundos, ser consciente de ellas y ¡boom¡ nunca antes había influido tan rápido y fácil en mi estado de animo que con estos 10 segundos iniciales de la micro-meditación.

3.- En el bloque intermedio introduje lo que se denomina un mantra; «Soy feliz y afortunado». Este concepto de mantra y de PNL (programación neurolingüística) funciona. Repetirse a si mismo algo 13 veces al día que tenga cierta lógica (Qué razones irrefutables tengo para no ser feliz o como no voy a considerarme afortunado) tiene el efecto esperado.

4.- Muchos de nosotros nos metemos en el día a día como robots, en nuestras rutinas o jornadas de trabajo con un ritmo de infarto. Pocas veces nos paramos a analizarnos a nosotros mismos y como nos dejamos influenciar por el entorno. En mi caso diseccionar los hechos acontecidos durante la ultima hora y el por qué de mis reacciones y sensaciones respecto a ellos me ha ayudado muchísimo.

No nos damos cuenta pero los cambios anímicos no se producen de manera aleatoria, tampoco pasamos de un estado megafeliz de la vida a querernos cortar las venas en segundos. Los cambios de ánimo se van generando a lo largo de una línea de tiempo, una cadena de hechos que si somos capaces de identificar y analizar podemos cambiar lo que parecía irrefrenablemente un día de mierda en un buen día. Es como si marcas un rumbo de navegación y no lo vuelves a revisar hasta que al cabo de 12 horas te has estrellado contra la costa equivocada. Revisar el rumbo que llevas cada hora te permite rectificar para alcanzar tu objetivo a lo largo del día.

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Día 18. Llegó el bajonazo – Micro-meditaciones cada hora

18 días, 13 micro-meditaciones cada día, 234 micro-meditacines en total

Este post es parte de una serie, un experimento de 30 días sobre las micro-meditaciones. Te recomiendo que si no has leído el post de apertura lo hagas antes de leer este.


Tras 18 días reconozco el gran impacto que suponen estos check-ins horarios. El mayor problema que me estoy encontrando es que el ritual me encuentra muchas veces interactuando con otra persona. En especial, esta última semana he tenido muchas reuniones y me he saltado muchas micro-meditaciones. En estas situaciones me parece descortés y me da vergüenza el parar para hacer la micro-meditación. ¿Te imaginas estar escuchando a alguien con el que no tienes confianza interrumpirle y contarle qué necesitas hacer una meditación?. Tengo fama de rarito pero creo que esto sería otro nivel.Sin embargo, lo que sí que hago es la primera parte del ritual en la que realizo una profunda respiración a la vez que relajo las tensiones corporales. Esta la puedo realizar sin perder el foco en la persona y sin que esta si quiera se percate.

Como comenté en mi anterior actualización la primera semana había mantenido un estado de ánimo muy positivo. Esta semana llegó el día de la prueba de fuego; un bajonazo. Tenía tantas ganas de probar su efectividad en un día en el que tuviera un bajón emocional que casi me alegraba de tener un estado anímico nefasto – he dicho “casi” ? -.

El bajón vino claramente por un estrés autoinducido. El punto álgido se produjo en el coche cuando estaba volviendo a casa. Iba enfurruñado y emocionalmente afligido por cosas del curro. Entonces sonó el reloj que me avisaba que era hora de hacer mi micro-meditación. En los primeros segundos noté claramente toda la tensión corporal que estaba provocándome, hice el check y en menos de 5 segundos la había expulsado de mi cuerpo. ?¡Mission accomplished! ?

Los siguientes segundos me centre en el momento presente, baje las ventanillas para respirar el aire exterior y me enfoque en experimentar todo lo que había a mi alrededor utilizando todos mis sentidos. Justo en ese momento recité el mantra que me había preparado; soy feliz y afortunado. Entonces me di cuenta que no funcionaba. Me encantaría deciros que el bajón salió tan rápido como las tensiones corporales, pero no fue así.

El caso es que no me di por vencido, decidí continuar esforzándome en que mi mente parase de rumiar los problemas del día y en autoconvecerme que no tenía ninguna razón real ni justificación el continuar con dicho estado de ánimo. Me llevó como unos 5 minutos pero finalmente conseguí eliminar la sensación de estrés, lo cual me hizo mucha ilusión, lo que provocó un subidón de positivismo.

Luego realicé la última parte de la meditación en la que analizo qué pasó durante la última hora. Esta parte fue la más reveladora y puso de relevancia lo estúpido (me lo digo con cariño jejeje) que puedo llegar a ser.

Llevaba desde primera hora del día alimentando la llama, cuanto más avanzaba el día más estresado estaba. En todas las micro-meditaciones era consciente de que cada vez estaba más estresado y que me estaba rallando la cabeza. Lo único que hacía era alimentar mi estado de ánimo negativo y centrarme en avanzar y trabajar más rápido como vía para solucionarlo.

La cuestión no era si el problema era importante o no, la clave es que en ese momento ni me lo planteaba, independientemente que fuera o no grave, mi actitud únicamente empeoraba la situación. Lo más inteligente hubiese sido darme cuenta de esta reflexión y al primer signo de negatividad, pararme, analizarlo y rectificar rumbo. En aquel momento no lo hice pero gracias a esta experiencia espero que la próxima me encuentre mejor preparado. Prepárate bajón te estaré esperando ? .

Aún me quedan 12 días. He decidido incluir un nuevo bloque para trabajar una nueva faceta, os lo cuento en el próximo post. ¡Nos leemos!

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Día 5. Micro-meditaciones cada hora

Han pasado ya 5 días desde que empecé con el experimento de las Micro-meditaciones cada hora. Mi mayor temor era que las interrupciones de estas micro-meditaciones provocarán más estrés y me sacaran de mi foco actual. No podría estar más equivocado, el efecto que están teniendo en mi estado de ánimo son muy positivos, no podría estar más contento con él experimento.

Los dos primeros días he tenido algún que otro problemilla al establecer las alarmas horarias. Quería que fuesen alarmas discretas y poco invasivas y por ello estaba utilizando la aplicación de recordatorios del Apple Watch. El caso es que las vibraciones eran demasiado cortas y ha habido muchas veces que me he saltado la rutina al no sentirla. Al final he acabado poniendo alarmas, la vibración es continua y no para hasta que pulsas un botón en el reloj. Son más molestos pero desde entonces no me salto ni una.

Los primeros 10 segundos en los que hago un chequeo de mi estado físico en busca de tensiones está siendo muy efectivo. Lo que estoy haciendo es una respiración larga, a la vez que expulsó el aire intento relajar los músculos de mi cuerpo. Hago un chequeo completo desde la cabeza a los pies. En mi caso me encuentro con que son los músculos de la cara y los hombros los que más tensionados tengo. Muchas veces, dependiendo de donde esté aprovecho para hacer unos ligeros estiramientos de espalda y cuello.

Mi mayor sorpresa ha sido en los siguientes segundos en los que busco conectar con el momento presente. Pensaba que iban a ser los que menos impacto tendrían y ha resultado ser todo lo contrario. Si estoy en una situación en la que puedo alargar esta parte del ritual lo hago. Por ejemplo, si voy en el coche paro la música y bajo las ventanillas para respirar el aire. La idea es conectar todos los sentidos con el momento presente; los ruidos de la gente de fondo, el olor si está lloviendo, centrar la mirada en el cielo… No sabría explicar exactamente por qué, pero me recorre una sensación de paz y tranquilidad que no me esperaba en absoluto. Repetirme en ese momento a mí mismo que soy feliz y afortunado creo que a la larga ayudará a ser más positivo en general, aunque por ahora solo me hace sentirme raro al intentar forzarme una sensación impostada (incluso aunque en ese momento este realmente feliz).

La idea simplemente de estar en el ahora, centrarte en el entorno y despojar todas las preocupaciones mentales hace que me de cuenta que para sentirte feliz vale solo con respirar y no pensar en nada más que en instante que te rodea, estar vivo a fin de cuentas.

Respecto a la última parte del ritual me la estoy saltando la mayoría de las veces. Los últimos segundos en los que busco analizar mi conducta y mis emociones durante la última hora no están dando sus frutos. Aunque para ser sinceros la mayoría de las veces ni si quiera los estoy haciendo, unas veces porque requiere mucho esfuerzo analizar la última hora. Otras veces lo que ocurre es que la micro-meditación me asalta cuando estoy interactuando con alguien o en medio de una tarea que no quiero perder el foco. Además, ha coincidido que esta última semana he estado en general con un estado emocional estupendo y había poco que rectificar. Para explorar esta parte del ritual tendré que esperar para probarlo cuando tenga un mal día, el cual sin ningún duda vendrá ;-).

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Experimentos Micro-optimizaciones

Micro-meditaciones cada hora

Hace unas semanas vi el documental «Camina conmigo«, en él se narra la rutina diaria en un monasterio budista. Me impactó enormemente ver como cada hora hacían sonar una campana, todo el mundo se quedaba inmóvil por unos segundos, daba igual cuán importante fuese la tarea a la que estaban dedicados. Esta rutina busca que todos analizasen sus pensamientos para atraer la atención en el ahora y vivir plenamente en momento presente.

Últimamente me encuentro con menos control emocional que de costumbre por lo que me he propuesto hacer un experimento durante 30 días con mi propia versión de dicha campanita horaria. He configurado una alarma cada hora para hacer una micro-meditación, básicamente será una pausa para hacer un escáner de mi estado físico y anímico a lo largo del día para reprogramar los vicios rutinarios que he ido adquiriendo este año de manera inconsciente.

Esta micro-meditación será una rutina muy rápida, que pueda hacer en cualquier circunstancia y lugar. Serán unos 30 segundos que dividiré de la siguiente manera.

  • 10 primeros segundos. Una respiración profunda a la vez que hago un escáner completo de mi cuerpo para liberar tensiones corporales.
  • Siguientes 10 segundos. Conectar con el momento presente con todos mis sentidos a la vez que me repito a mi mismo lo feliz y afortunado que soy.
  • Últimos 10 segundos. Analizar mis pensamientos, emociones y acciones durante la última hora. Si mis emociones han sido negativas o me encuentro demasiado apegado a pensamientos dañinos haré todo lo posible para darle la vuelta en la próxima hora.

Iré compartiendo con vosotros actualizaciones sobre este experimento. No descartó cambiar alguna de las partes de la micro-meditación según vea su efectividad y coherencia con mis necesidades.