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18 días, 13 micro-meditaciones cada día, 234 micro-meditacines en total

Este post es parte de una serie, un experimento de 30 días sobre las micro-meditaciones. Te recomiendo que si no has leído el post de apertura lo hagas antes de leer este.


Tras 18 días reconozco el gran impacto que suponen estos check-ins horarios. El mayor problema que me estoy encontrando es que el ritual me encuentra muchas veces interactuando con otra persona. En especial, esta última semana he tenido muchas reuniones y me he saltado muchas micro-meditaciones. En estas situaciones me parece descortés y me da vergüenza el parar para hacer la micro-meditación. ¿Te imaginas estar escuchando a alguien con el que no tienes confianza interrumpirle y contarle qué necesitas hacer una meditación?. Tengo fama de rarito pero creo que esto sería otro nivel.Sin embargo, lo que sí que hago es la primera parte del ritual en la que realizo una profunda respiración a la vez que relajo las tensiones corporales. Esta la puedo realizar sin perder el foco en la persona y sin que esta si quiera se percate.

Como comenté en mi anterior actualización la primera semana había mantenido un estado de ánimo muy positivo. Esta semana llegó el día de la prueba de fuego; un bajonazo. Tenía tantas ganas de probar su efectividad en un día en el que tuviera un bajón emocional que casi me alegraba de tener un estado anímico nefasto – he dicho “casi” ? -.

El bajón vino claramente por un estrés autoinducido. El punto álgido se produjo en el coche cuando estaba volviendo a casa. Iba enfurruñado y emocionalmente afligido por cosas del curro. Entonces sonó el reloj que me avisaba que era hora de hacer mi micro-meditación. En los primeros segundos noté claramente toda la tensión corporal que estaba provocándome, hice el check y en menos de 5 segundos la había expulsado de mi cuerpo. ?¡Mission accomplished! ?

Los siguientes segundos me centre en el momento presente, baje las ventanillas para respirar el aire exterior y me enfoque en experimentar todo lo que había a mi alrededor utilizando todos mis sentidos. Justo en ese momento recité el mantra que me había preparado; soy feliz y afortunado. Entonces me di cuenta que no funcionaba. Me encantaría deciros que el bajón salió tan rápido como las tensiones corporales, pero no fue así.

El caso es que no me di por vencido, decidí continuar esforzándome en que mi mente parase de rumiar los problemas del día y en autoconvecerme que no tenía ninguna razón real ni justificación el continuar con dicho estado de ánimo. Me llevó como unos 5 minutos pero finalmente conseguí eliminar la sensación de estrés, lo cual me hizo mucha ilusión, lo que provocó un subidón de positivismo.

Luego realicé la última parte de la meditación en la que analizo qué pasó durante la última hora. Esta parte fue la más reveladora y puso de relevancia lo estúpido (me lo digo con cariño jejeje) que puedo llegar a ser.

Llevaba desde primera hora del día alimentando la llama, cuanto más avanzaba el día más estresado estaba. En todas las micro-meditaciones era consciente de que cada vez estaba más estresado y que me estaba rallando la cabeza. Lo único que hacía era alimentar mi estado de ánimo negativo y centrarme en avanzar y trabajar más rápido como vía para solucionarlo.

La cuestión no era si el problema era importante o no, la clave es que en ese momento ni me lo planteaba, independientemente que fuera o no grave, mi actitud únicamente empeoraba la situación. Lo más inteligente hubiese sido darme cuenta de esta reflexión y al primer signo de negatividad, pararme, analizarlo y rectificar rumbo. En aquel momento no lo hice pero gracias a esta experiencia espero que la próxima me encuentre mejor preparado. Prepárate bajón te estaré esperando ? .

Aún me quedan 12 días. He decidido incluir un nuevo bloque para trabajar una nueva faceta, os lo cuento en el próximo post. ¡Nos leemos!

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