EmprendimientoErrores Empresa

He cometido cientos y cientos de cagadas durante todos estos años. Hay un gran hype en torno a que es sano, incluso positivo, cometer errores. Suena bonito el ‘fail fast, fail often’. Hay hasta descerebrados que se enorgullecen y exponen sus errores como un trofeo. Mi opinión es que de los errores se aprende pero en los éxitos es que ya lo traías aprendido de casa, que es aún mejor ?.

No me siento, pues, orgulloso de mis errores ni público este post para exponer mis errores con orgullo (de echo me avergüenzo ?). Lo publico como ejercicio para interiorizar mis sentimientos y por si puedo ayudar a alguien a iniciar su propio cambio.

Ahí van 3 de los mayores errores que he cometido en mi empresa y como al final se han convertido en el catalizador de los cambios en mi faceta profesional y personal.

Error 1. Sentimiento de culpabilidad

Este es, sin lugar a dudas, el error que más me cuesta confesar a día de hoy, incluso aún hay momentos en los que aún no estoy seguro de cómo debo sentirme. Es un cliché muy repetido, lo sé, pero cuando dedicas tanto esfuerzo y tiempo a una empresa al final adquieres un sentimiento de codependencia muy fuerte. En mi caso la empresa ha sido mi hobby, mi trabajo, mi pasión y acabó siendo mi una forma de expresión y de la representación de mi mismo. Siempre se puede dedicar más tiempo a la empresa, siempre se pueden hacer las cosas mejor, siempre hay margen de mejora. Mi exigencia siempre me ha hecho sentirme culpable de no rendir al 200%, de no dedicarle más tiempo y de sentirme culpable por ello, hasta el punto que me abandoné a mi mismo y todo mi tiempo, mis pensamientos iban dirigidos a la empresa.

Por fortuna (o por necesidad más bien) tuve un punto de inflexión que ha cambiado por completo el rumbo de mi vida. Me sentía tan mal que ya no rendía igual, entonces comprendí que si yo no estoy bien, si no me dedico tiempo a mi mismo y si no soy capaz de separar la empresa de mi mismo, la principal afectada sería la empresa en si. A día de hoy estoy buscando mis huecos para dedicarme a mi mismo, a descansar, a aprender y a desarrollar otras facetas ajenas a 20lab, todo ello tratando de no sentirme culpable.

Error 2. Inteligencia y planificación vs fuerza bruta

Nunca me he considerado una persona fuera de serie en cuanto a inteligencia. En mi época de estudiante sacaba buenas notas y los estudios se me han dado bien pero siempre he sido duro de mollera. En las clases siempre me daba cuenta como mis compañeros captaban conceptos matemáticos a la primera, mientras que yo tenía que ir a casa e iterar decenas de veces hasta interiorizarlos. Quizás por eso desarrollé una fuerte capacidad de perseverancia.

Mi capacidad para perseverar unida a mi alta motivación y capacidad de ejecución técnica ha marcado los primeros años de la startup, con las primeras incorporaciones y gracias al talento inicial todo iba en crecimiento. En algún momento todo pareció convertirse sigilosamente en un avance por fuerza bruta, a base de horas infinitas de dedicación y pura dependencia del talento en la ejecución del equipo.

Esto ha sido así hasta hace bien poco, en cada fase de crecimiento de una empresa siempre hace falta esfuerzo y talento pero ahora que somos más de 15 personas me doy cuenta que tan importante como la ejecución es la inteligencia y planificación. Hace falta crear espacio vacíos en los que no se ejecuta, espacio reservado para planificar estrategias y aplicar inteligencia.

Error 3. Tiempo dedicado a la empresa vs clientes

La fórmula para triunfar en los negocios es dar el mejor servicio al cliente ¿verdad?. Los clientes son la fuente de ingresos, la fuente de tu reputación. Sin embargo, llega un momento en que hay que poner ciertos límites. En una consultora, como lo es 20lab, en la que se factura por horas es muy fácil dejarse llevar; coger más clientes, facturar más, crecer, meter más empleados, ampliar oficinas y vuelta a empezar.

Llega un momento en que si no dedicas tiempo a la propia empresa, a engrasar la maquinaria, las cosas empiezan a fallar. El servicio que prestas a los clientes ya no es tan bueno, te quedas a tres en cuanto a innovación, los empleados pierden motivación, etc. A día de hoy estoy más concienciado que nunca de la importancia de trabajar la empresa y no trabajar en la empresa. Con esto me refiero a optimizar procesos, mejorar la atención al cliente, automatizar al máximo las rutinas que no aportan valor y por último pero no menos importante, dedicar más tiempo a las personas que forman la empresa.

Tres errores que se han convertido en catalizadores de cambio

La exposición y orden de estros tres errores no son aleatorios. Ellos mismos son los puntos que han marcado el mayor punto de inflexión en mi vida personal y profesional, son los catalizadores del cambio. Hace unos meses tuve una importante depresión y me tome de manera atropellada una semana de vacaciones, fue una huida en toda regla. No estaba bien a nivel personal y ello me condujo a explorar mis sentimientos de culpabilidad (#Primer error) como una de las mayores fuentes de mi bajón anímico, tenia una total codependencia de mi empresa. Entonces comprendí la importancia de dedicarme tiempo a mi mismo, que debía dejar de aplicar la fuerza bruta (#Segundo error) y empezar a ser más estratega, mejorar la planificación y explotar al máximo mi inteligencia. Todo ello requiere tiempo, tiempo para pensar, tiempo para no hacer nada, tiempo en los que no hay ejecución.

El tiempo profesional por lo tanto debe ir encaminado mayoritariamente a la empresa y no a los clientes (#Tercer error), ahí es donde puedo tener mayor impacto a todos los niveles. Y es paradójico pero los cambios que vamos a realizar en la empresa en los próximos meses, derivados de este giro, harán que atienda mejor a los clientes.

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